Silence

La tristeza del silencio: Die
Originally uploaded by lord cнernoвιll.
Lo habia decidido: de sus labios no saldría una palabra mas. Se divertía viendo los intentos de los demás por hacerlo hablar. Cuando la gente a su alrededor vió que era total y completamente inútil, comenzaron a preocuparse. No pasó mucho tiempo antes de que lo enviaran con docenas de medicos especialistas o chamanes del mundo moderno. No comprendía ninguno su súbito silencio. No era causado por ningun daño a nivel cerebral o neuronal, ni por algún problema en las cuerdas vocales, mucho menos por traumas psicológicos reprimidos. Nada de eso. Simplemente una decisión firme y una gran muestra de fuerza de voluntad y autocontrol, puesto que no lo tomaba a juego, ni hacía lo que muchos falsos mudos, que esperaban a estar solos para dejar fluir la energía acumulada de su voz, en absoluto. El calló tanto en compañía como en solitario.
En una ocasión lo visitó un psicólogo. Era un sujeto bastante agradable y jovial. Entablaron una conversación (en realidad, era algo asi como un monólogo). La forma en que se dirigía a el era diferente. Eso le agradó. En la tercera visita, el psicólogo llegó con una libreta y un lápiz. Se los ofreció. El, en acto de buena fé los tomó. De inmediato sintió algo extraño en la boca del estómago (ahi, donde algunos dicen se encuentra el alma). Soltó ambos instrumentos y de inmediato se dió cuenta de que tenía que dejar tambien la palabra escrita. Esa fué la última vez que se vieron.
El siguiente paso fue mas fácil de deducir, pero mas difícil de ejecutar. Debería dejar de oir. Es decir, ¿de qué sirve escuchar las palabras de los demás, si no tienes medios ni intención alguna de contestarles? Claro estaba, esto representaba un verdadero reto, pues es algo complicado evitar el estímulo de las ondas sonoras en los tímpanos. Le llevó meses y meses de mucha meditación y concentración, de intentos fallidos que no hicieron mas que engrandecer su deseo de aislamiento sonoro. Cuando finalmente logró inutilizar sus nervios auditivos fue feliz.
Al fin habia logrado un estado de completa reclusión. Podía ver todo y a todos a su alrededor sin que le afectaran de manera alguna. Y en solitario, podía tranquilamente dejarse sumergir en las mas coloridas fantasías y sueños vívidos sin que nadie le molestara. A mitad de una de estas fantasías se dio cuenta que habia olvidado algunas palabras. Bueno, era de esperarse, la falta de práctica haría que unas cuantas se perdieran. Pero esto en lugar de preocuparle lo emocionó, pues tenía ahora la oportunidad de inventar nuevas palabras para las imágenes en sus sueños. Si, nuevas definiciones para los conceptos en su mente. Se sentía no solo creativo, sino creador.
Al principio era normal que olvidara dos o tres palabras a la semana. Poco a poco la cantidad fue creciendo. Al cabo de un año olvidaba cerca de treinta o cuarenta palabras diarias. Con el aumento de palabras olvidadas crecía tambien su capacidad creadora. No importaba que olvidara, siempre tenía bajo la manga nuevas palabras para aplicar. Pronto tendría que crear todo un nuevo vocabulario volátil que seguramente olvidaría al dia siguiente para comenzar de nuevo.
En realidad debió haberlo visto venir. Era obvio. Un día se despertó alterado, sudando frio. Estaba en este sueño fantástico, volando y fantaseando. De repente las palabras ya no salieron, se fueron desvaneciendo las imágenes y, de golpe el sueño terminó, volviendose todo un abismo negro. Unos dias atrás habia olvidado algunas letras, y el sonido de estas. No pensó, jamás pensó que se vería imposibilitado para crear. Había olvidado uno a uno los fonemas, los sonidos. ¿Cómo crear ahora imágenes y conceptos para alimentar sus sueños diurnos y nocturnos?
Era el caos, ¡el caos! La desesperación lo abrumaba mientras caminaba frenéticamente de un lado al otro de la habitación. Se volvería loco. Quería gritar, intentó gritar. Fue inútil su esfuerzo. Había pasado tanto tiempo sin pronunciar sonido alguno que sus cuerdas vocales estaban totalmente atrofiadas, incapacitadas para funcionar. Además, en su mente ya no había información suficiente para emitir sonidos. Aunque hubiera hecho un esfuerzo sobre humano por vibrar sus cuerdas vocales, no hubiera tenido sentido alguno, puesto que sus oídos tampoco funcionaban desde hacia tiempo: no hubiera escuchado sus propios gritos.
Sintió un fuerte dolor en el rostro: había chocado con una pared sin darse cuenta. En cuestión de segundos había perdido la vista tambien. Todo su organismo, su cuerpo estaba siguiendo por cuenta propia los pasos que el habia iniciado hacia un tiempo. No habia notado que al obligarse a apagar dos o tres sentidos, los demás harían lo mismo. Ciego, sordo, mudo y desesperado se sentó en una esquina (o al menos asi lo sintió). Intentó llorar, no salían las lágrimas... luego se dió cuenta, no sentía sus propias lágrimas, pues ahora era su piel la que habia perdido su sensibilidad.
El deseaba aislarse de todo estímulo del mundo, olvidarse de todo y todos, e internarse en una celda sensorial para no tener que lidiar con la gente ni las cosas. Ahora, finalmente su cuerpo le había cumplido su capricho por completo, y se halló realmente aislado, sin vuelta atrás, sin conceptos para tristeza o felicidad, sin definición de vida o de muerte.
En una ocasión lo visitó un psicólogo. Era un sujeto bastante agradable y jovial. Entablaron una conversación (en realidad, era algo asi como un monólogo). La forma en que se dirigía a el era diferente. Eso le agradó. En la tercera visita, el psicólogo llegó con una libreta y un lápiz. Se los ofreció. El, en acto de buena fé los tomó. De inmediato sintió algo extraño en la boca del estómago (ahi, donde algunos dicen se encuentra el alma). Soltó ambos instrumentos y de inmediato se dió cuenta de que tenía que dejar tambien la palabra escrita. Esa fué la última vez que se vieron.
El siguiente paso fue mas fácil de deducir, pero mas difícil de ejecutar. Debería dejar de oir. Es decir, ¿de qué sirve escuchar las palabras de los demás, si no tienes medios ni intención alguna de contestarles? Claro estaba, esto representaba un verdadero reto, pues es algo complicado evitar el estímulo de las ondas sonoras en los tímpanos. Le llevó meses y meses de mucha meditación y concentración, de intentos fallidos que no hicieron mas que engrandecer su deseo de aislamiento sonoro. Cuando finalmente logró inutilizar sus nervios auditivos fue feliz.
Al fin habia logrado un estado de completa reclusión. Podía ver todo y a todos a su alrededor sin que le afectaran de manera alguna. Y en solitario, podía tranquilamente dejarse sumergir en las mas coloridas fantasías y sueños vívidos sin que nadie le molestara. A mitad de una de estas fantasías se dio cuenta que habia olvidado algunas palabras. Bueno, era de esperarse, la falta de práctica haría que unas cuantas se perdieran. Pero esto en lugar de preocuparle lo emocionó, pues tenía ahora la oportunidad de inventar nuevas palabras para las imágenes en sus sueños. Si, nuevas definiciones para los conceptos en su mente. Se sentía no solo creativo, sino creador.
Al principio era normal que olvidara dos o tres palabras a la semana. Poco a poco la cantidad fue creciendo. Al cabo de un año olvidaba cerca de treinta o cuarenta palabras diarias. Con el aumento de palabras olvidadas crecía tambien su capacidad creadora. No importaba que olvidara, siempre tenía bajo la manga nuevas palabras para aplicar. Pronto tendría que crear todo un nuevo vocabulario volátil que seguramente olvidaría al dia siguiente para comenzar de nuevo.
En realidad debió haberlo visto venir. Era obvio. Un día se despertó alterado, sudando frio. Estaba en este sueño fantástico, volando y fantaseando. De repente las palabras ya no salieron, se fueron desvaneciendo las imágenes y, de golpe el sueño terminó, volviendose todo un abismo negro. Unos dias atrás habia olvidado algunas letras, y el sonido de estas. No pensó, jamás pensó que se vería imposibilitado para crear. Había olvidado uno a uno los fonemas, los sonidos. ¿Cómo crear ahora imágenes y conceptos para alimentar sus sueños diurnos y nocturnos?
Era el caos, ¡el caos! La desesperación lo abrumaba mientras caminaba frenéticamente de un lado al otro de la habitación. Se volvería loco. Quería gritar, intentó gritar. Fue inútil su esfuerzo. Había pasado tanto tiempo sin pronunciar sonido alguno que sus cuerdas vocales estaban totalmente atrofiadas, incapacitadas para funcionar. Además, en su mente ya no había información suficiente para emitir sonidos. Aunque hubiera hecho un esfuerzo sobre humano por vibrar sus cuerdas vocales, no hubiera tenido sentido alguno, puesto que sus oídos tampoco funcionaban desde hacia tiempo: no hubiera escuchado sus propios gritos.
Sintió un fuerte dolor en el rostro: había chocado con una pared sin darse cuenta. En cuestión de segundos había perdido la vista tambien. Todo su organismo, su cuerpo estaba siguiendo por cuenta propia los pasos que el habia iniciado hacia un tiempo. No habia notado que al obligarse a apagar dos o tres sentidos, los demás harían lo mismo. Ciego, sordo, mudo y desesperado se sentó en una esquina (o al menos asi lo sintió). Intentó llorar, no salían las lágrimas... luego se dió cuenta, no sentía sus propias lágrimas, pues ahora era su piel la que habia perdido su sensibilidad.
El deseaba aislarse de todo estímulo del mundo, olvidarse de todo y todos, e internarse en una celda sensorial para no tener que lidiar con la gente ni las cosas. Ahora, finalmente su cuerpo le había cumplido su capricho por completo, y se halló realmente aislado, sin vuelta atrás, sin conceptos para tristeza o felicidad, sin definición de vida o de muerte.
Etiquetas: cuentos


Ah; este está bien chingón... lo recuerdo del antiguo blog -¿te acuerdas? El que te banearon por poner puro porno, pal... jaja...
Salús.
Posted by
Paco Morales Hoil
11 junio, 2007 11:12
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